Este es el lugar de la obra de Diego. Sus goles a los ingleses, su deificación con la Copa del Mundo en la mano. Y hay una energía especial en el estadio, como si todavía Maradona estuviera dando vueltas por acá, por Santa Úrsula, sus calles, el barrio que hasta parece tener alguna reminiscencia napolitana. Diego ya es parte de todas esas capas de manantiales y lava, de toda esa historia que continúa en este Mundial.