El discurso de Trump junto a Netanyahu es uno de los disparates más obscenos que hemos atestiguado en décadas. Una vergüenza para Estados Unidos, para la raza humana entera. Una mezcla de posverdad con racismo y cinismo que genera algo más que náuseas. Un discurso proferido sobre los cadáveres de niños inocentes que nunca se pudieron defender. Sobre los sobrevivientes del exterminio a los que ahora se quiere tratar como ganado. No solo masacrar a los palestinos sino además ahora burlarse ellos. ¿Cómo vamos a convivir con estos miserables? ¿Apelando a qué valores? Estos tipos no respetan nada. Mucho menos “la vida, la libertad y la propiedad”. Escuchando hasta cuándo sus patrañas ¿El “respeto irrestricto del proyecto de vida del otro”, como repite ese farsante cursi y sin alma al que le han puesto la banda presidencial en Argentina? Así ha ido en declive la derecha: De Churchill a Trump pasando por Reagan. La decadencia moral e intelectual de occidente alcanza su punto más crítico. Y ojalá fuera solo un asunto de declaraciones. Ya se activa de nuevo el campo de concentración de Guantánamo. ¿Algo que recrudece el asco? Sí, claro: las voces y la entrega de recursos de los alcahuetes latinoamericanos como Milei, Bukele o Noboa, que han engañado a millones de personas ansiosas de mirar para otro lado mientras el horror no los toque a ellos demasiado de cerca. Culpables todos. Los votantes también. Cómplices del genocidio, el robo y la discriminación. Sí, se entienden las asimetrías económicas y de poder; pero es hora ya de que los gobiernos y líderes decentes del mundo le pongan un alto ético a estos canallas.