No se quiere igual a dos personas en la vida, porque cada una llega en momentos diferentes, con todas sus circunstancias, y, cada uno, además, tiene sus propias rarezas. Pero creo que eso es precisamente lo bonito y lo que hace que alguien nos deje una huella permanente.
De rechazar el «no voy a volver a querer a nadie así» a aceptarlo abiertamente. No desde la creencia de que el afecto sólo se vive de manera íntima una vez en la vida, sino desde la comprensión de lo específico de todas y cada una de las relaciones que he mantenido a lo largo de