Alucino al ver con qué entusiasmo de Pedro Sánchez y sus muy (hasta ayer) anticlericales cargos y votantes rinden al Papa semejante pleitesía y lo tratan realmente como el representante de Dios en la tierra.
Mi hipótesis al respecto. El Papa, desde Bergoglio, y la parte menos montaraz de la izquierda se han puesto a compartir cierto discurso y buscan los mismos espacios sociales. Se trata del discurso contra cosas tales como la guerra en todas sus manifestaciones, la problemática de la inmigración, la IA, el dominio de las grandes empresas tecnológicas, una versión "franciscana" del ecologismo...
Antes, esos espacios los tenía la izquierda, pero creo que la Iglesia ha captado varias cosas con estos dos últimos papas. Una, que la parte más fuerte de la derecha actual ni compra esos discursos ni es religiosa, sino profundamente laica; pensemos en tipos como Bezos, Musk, Zuckenberg, etc..
Dos, que la parte de la derecha que mantiene vínculos fuertes con la religión los tiene con los evangélicos cada vez más, y cada vez menos con el catolicismo. Además, la derecha dura que está avanzando no es apenas religiosa y está buscando referencias culturales y doctrinales distantes de las que alimentaban a la derecha tradicional y que eran "teológicas".
Tres. La Iglesia necesita renovarse afiliándose a esos discursos "sociales" y "anticapitalistas", porque todo lo que hasta hace pocas décadas proclamaba con grandísima vehemencia ya no resulta socialmente aceptable: su lucha contra anticonceptivos, divorcio, reconocimiento legal de parejas homosexuales, adopción de menores por homosexuales...
A la Iglesia católica le interesa mucho que la sociedad olvide sus obsesiones sexuales y por eso estratégicamente le conviene asumir discursos que hasta ahora tenía la izquierda. Es más, la Iglesia va ahora a nutrirse a espacios morales que eran patrimonio de la izquierda y lo tiene fácil relativamente, por la credibilidad que ha perdido esta izquierda de doble rasero y doble moral.
Al mismo tiempo, la izquierda política, tan en crisis por sus escándalos y sus fracasos, trata de re-legitimarse abrazándose al Papa y a la nueva doctrina eclesiástica "progresista". En resumen, creo que es un movimiento concertado de viejos poderes sociales, políticos y culturales muy amenazados actualmente, una alianza para sobrevivir uniéndose, la Iglesia a base de asumir parte de las viejas consignas de la izquierda y la izquierda legitimándose a base de tratar a la Iglesia como aliada en pro de la justicia de los pobres.
Al decir todo esto, para nada cuestiono la fe ni las convicciones individuales de nadie, solamente opino sobre dinámicas de poder grupal.