NUEVO VÍDEO!! Para este fin de semana, decidimos desconectar del ritmo de Madrid y nos plantamos en un hotel boutique con un circuito de aguas privado escondido en plena sierra de Guadarrama. El plan de viernes a domingo era descansar, pero el sábado por la tarde, con el balneario completamente vacío para nosotros solos, el ambiente empezó a cargarse de un magnetismo totalmente distinto. Nos metimos en la sauna seca de madera, de esas tradicionales con bancos a dos alturas y un brasero de piedras volcánicas al fondo. Dad cogió el cazo de madera, vació un chorro de agua con esencia de eucalipto sobre las rocas calientes y el golpe de vapor ardiente nos golpeó el pecho, haciéndonos sudar al instante y disparándonos las pulsaciones. Sentados en el banco superior, completamente desnudos y envueltos en ese calor asfixiante de 85 grados, el sudor empezó a brillar sobre nuestras pieles, resbalando por los pechos y acumulándose en las ingles. Nos miramos de reojo y no hizo falta decir nada; el morbo de estar en un sitio público, aunque estuviéramos solos, nos puso los rabos duros como piedras en un segundo. Dad se deslizó por la madera húmeda y se colocó de rodillas entre mis piernas, agarrándome los muslos con sus manos calientes mientras me clavaba una mirada cargada de vicio. Sin esperar un segundo, me agarró la polla chorreando de sudor y se la metió entera en la boca, mamando con una rabia y una sed salvajes, tragándose mi verga hasta la bola mientras el vapor nos envolvía. Ver a Dad con la cabeza metida entre mis piernas, jadeando y empapándose con mi propio sudor, me volvió loco. Le aparté un momento para ponerme yo de rodillas frente a él; nos agarramos de la nuca y empezamos a morrearnos con una desesperación brutal, tragándonos las babas y frotando nuestros pechos empapados en sudor. El olor a hormona y a eucalipto inundaba la cabina. Le agarré su pedazo de rabo, que ya estaba goteando líquido preseminal, y empecé a mamárselo a muerte, dándole lija con la lengua mientras Dad gemía apoyado contra las tablas ardientes. Nos turnamos en un juego de mamadas salvajes y pajas a mano cambiada, restregando nuestros rabos duros contra los muslos y el abdomen del otro, calientes perdidos por el efecto del calor y el vicio acumulado. Estábamos tan sumamente berracos y al límite que el final no tardó en estallar. Nos pusimos uno frente al otro en el banco superior, con las piernas cruzadas y pajeándonos mutuamente a un ritmo frenético que hacía salpicar el sudor contra las paredes de madera. Mirar a Dad con los ojos en blanco, la respiración totalmente rota y la barba canosa chorreando fue el detonante. Justo cuando Dad soltó un grito sordo y empezó a disparar chorrazos de lefa espesa que blanquearon todo su pecho y las tablas de la sauna, yo aguanté un segundo más para vaciarle una lluvia de leche hirviendo que le cayó directa en la polla. Nos quedamos los dos jadeando deshechos en el banco, envueltos en la nube de vapor, chorreando sudor y lefa mezclados, habiendo convertido el spa de lujo en nuestra propia sauna clandestina de vicio sin necesidad de nada más.
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