Atribuir el reciente dinamismo económico de Madrid en relación a Cataluña a su condición de capital plantea varios problemas:
1) Cataluña fue más dinámica que Madrid durante el franquismo, cuando España era un país mucho más centralizado que hoy.
Esa centralización no impidió que Cataluña superara a otras regiones en crecimiento económico.
2) Durante las primeras décadas de democracia (1978–2000), Cataluña mantuvo un dinamismo comparable al de Madrid.
3) El retroceso relativo de Cataluña empieza en los años 2000 y se acelera a partir de 2012.
Madrid era tan capital en 1950 como lo era en 2000 o lo es hoy. O lo era incluso más, pues todo el poder se concentraba en Madrid.
Cualquier explicación, por tanto, debe centrarse en lo que cambia en 2000 y, sobre todo, en 2012.
El argumento fiscal (el supuesto dumping de Madrid) no es convincente. El IVA y el Impuesto de Sociedades son estatales. Las únicas diferencias de impuestos en Madrid están en el tramo autonómico del IRPF y en Sucesiones, que tienen un efecto limitado.
El argumento de que transicionamos a una economía de servicios y financiera tampoco lo es, pues Barcelona, por su localización geográfica y clima, tenía mejores condiciones de partida que Madrid.
El contraste real está en el clima para los negocios. Cualquiera que hable con empresarios (también catalanes) lo sabe: en Cataluña todo son trabas administrativas, papeleo y regulación asfixiante de la Generalitat. En Madrid, en cambio, todo son facilidades.
Esto se refleja incluso en la prensa. Los periódicos de Barcelona están plagados de columnas contra el capitalismo.
Y Barcelona se ha convertido en la capital intelectual del decrecimiento, con sus principales teóricos enseñando en las universidades catalanas:
bcnuej.org/degrowth-well-bei…
publish.obsidian.md/refi-bar…
Copio del último enlace:
Barcelona has emerged as a pivotal hub for the degrowth movement, which advocates for reducing energy and material use to sustainable levels, prioritizing economic and social well-being, and developing a society that values free time, participatory democracy, and universal public services over continuous economic expansion.
En cambio, el lector medio en Madrid se encuentra con columnas a favor del crecimiento económico, el emprendimiento y la inversión.
Manifestaciones ecologistas, contra el turismo, y anticapitalistas como la de la foto en este post
elperiodico.com/es/fotos/bar…
se ven mucho en Barcelona pero poco en Madrid (y jamás con el tratamiento periodístico favorable que tuvo esta).
También es revelador lo difícil que resulta construir algo en Cataluña frente a la agilidad con la que se hacen proyectos en Madrid. En Cataluña, cualquier iniciativa se encuentra con la oposición automática de plataformas ecologistas o vecinales.
Pero quizá el mejor ejemplo sea Málaga. No es capital de nada, ni siquiera de Andalucía (una comunidad que, además, no destaca por su financiación). Y, sin embargo, Málaga crece como un tiro. Barcelona, no.
Cataluña tiene un problema: sus instituciones han optado por políticas abiertamente anti-mercado, y en lugar de asumir que estas políticas son un fracaso prefieren culpar a otros.
El mercado funciona. Pero la élite catalana no cree en el mercado.