Hoy celebro con gratitud y memoria el aniversario de Friedrich Welsch, Fritz: mi profesor, mi amigo, y uno de esos maestros cuya ausencia no borra su presencia.
Alemán por nacimiento, venezolano por elección profunda, Fritz entendió a Venezuela con una lucidez que muy pocos alcanzaron. No la miró como objeto de estudio distante, sino como patria intelectual, moral y afectiva. Supo leer sus instituciones, sus pasiones, sus fracturas, sus esperanzas democráticas y también sus extravíos, siempre con rigor, humor fino y una honestidad intelectual poco común.
Quienes tuvimos el privilegio de escucharlo sabemos que sus clases no terminaban en el aula. Dejaban preguntas, método, disciplina y una forma de mirar la política sin consignas, sin fanatismo y sin simplificaciones.
Recordar a Fritz Welsch es recordar a un maestro verdadero: de esos que no sólo enseñan una materia, sino una manera de pensar.
Honor a su memoria. Y gratitud por todo lo que sembró en Venezuela.