Me llaman antisemita, pero no pedófilo.
Me llaman antisemita, pero no homicida.
Me llaman antisemita, pero no ladrón.
Me llaman antisemita, pero no pornógrafo.
Me llaman antisemita, pero no adúltero.
Me podrán llamar antisemita todo lo que quieran, pero jamás me podrán llamar encubridor de pedófilos, amigo de abusadores, y blanqueador de genocidas.
Mis palabras no le hacen daño a nadie más que a los que justifican el verdadero mal. La libertad tiene un precio: se llama hablar la verdad.