Un aspecto relevante en la nueva posición de los católicos. La alianza entre el Vaticano y Washington para combatir a la URSS fue especialmente mal recompensada. Washington impulsó a los evangélicos, que sustituyeron a la iglesia católica en buena parte de Latinoamérica. Ahora es el turno de España.
Están penetrando justo en aquellas zonas, los barrios de las clases trabajadoras, que fueron abandonadas por una Iglesia que priorizó su desarrollo en clases medias altas y altas urbanas. Y lo cierto es que la Conferencia Episcopal está más equipada para hacer frente a ese desarrollo.
En la época neoliberal, que afectó profundamente a su ideología, en la que se hizo más conservadora en lo económico, la acción social tenía que ver con la caridad, con el apoyo a sectores muy deteriorados. Pero esa tarea innegable fue de la mano de la pérdida de influencia entre las clases trabajadoras y de las medias bajas. Ahora deberían reconstruir su presencia en esos espacios, que son los mayoritarios en población, para hacer frente a los evangélicos y para aumentar su influencia social. La encíclica marca un camino posible, pero la iglesia española tiene corrientes distintas, y no precisamente favorables a ese giro.