Hoy comienza el silencio electoral, y en respeto a este momento de reflexión para todos los bolivianos, quiero enviarles un último mensaje previo al domingo.
Este es un tiempo para detenernos y pensar en el país que queremos dejar a nuestros hijos: uno donde el esfuerzo valga más que el favor, donde la palabra tenga peso, y donde la libertad no sea un privilegio, sino un derecho de todos.
Santa Cruz, la tierra que me vio nacer, me enseñó el valor del trabajo, del sacrificio y de la libertad, y me dio algo que llevo en el corazón para siempre: el amor por Bolivia y la fe en su gente buena y solidaria. Esta tierra noble y generosa me hizo confiar en la fuerza de quienes producen, de quienes se levantan temprano y no se rinden, porque así somos todos los bolivianos, en cada rincón de la patria, hay un trabajador incansable.
Vivimos una crisis profunda. Las colas interminables en los surtidores por la falta de gasolina y diesel, el desempleo y la inflación, y todo esto es el resultado de un modelo agotado. El masismo ha dejado un país empobrecido y frustrado.
Esta segunda vuelta es la oportunidad de recuperar todo eso: de volver a ser un país libre, justo y próspero. Hoy se enfrentan dos modelos de país: uno que promete renovación, pero repite las viejas mañas —autoritarismo, mentira y división—, y otro que apuesta por la libertad, el trabajo y la verdad.
La libertad es el alma del progreso. Cuando se pierde, se apagan la justicia, la esperanza y el futuro.
Por eso necesitamos un cambio radical, un cambio de verdad: que devuelva la dignidad al ciudadano, que premie el trabajo y no la sumisión, que reconstruya la economía y la confianza. Estoy convencido que Tuto Quiroga y JP Velasco representan ese cambio radical que Bolivia necesita: experiencia, capacidad, coraje y principios.
Que este silencio sirva para pensar, con serenidad y con fe, en la Bolivia que soñamos para nuestros hijos y para nuestras familias.
Este 19 de octubre, votemos por el cambio radical, votemos por la libertad, votemos por Tuto Presidente.