Increíble lo que dice esta señora que quiere ser vicepresidente de Colombia.
Lo que escucho me deja sinceramente sorprendido. Que en pleno siglo XXI una figura pública afirme que quienes estudian en las universidades más prestigiosas del país “solo aprenden a robar” no solo es profundamente injusto: es un reflejo preocupante del nivel cultural con el que algunos pretenden liderar a Colombia.
La educación , la buena educación, no destruye. Construye criterio, abre oportunidades, reduce desigualdades y fortalece instituciones. Miles de jóvenes, muchos de ellos de origen humilde, luchan cada día por ganarse un cupo en esas universidades para transformar su vida y la de sus familias. Descalificarlos así es desconocer su esfuerzo y su mérito.
Las universidades colombianas, públicas y privadas, forman médicos, ingenieros, maestros, científicos, emprendedores y servidores públicos que sostienen este país. Reducir todo eso a un insulto es no entender lo que significa la educación como motor de movilidad social.
Colombia necesita líderes que eleven la conversación, no que la degraden. Que promuevan el estudio, no que lo estigmaticen. Que inspiren a nuestros jóvenes a prepararse mejor, no a desconfiar del conocimiento.
Con respeto, pero con total claridad: la educación no es el problema; es parte esencial de la solución. Y quienes aspiran a dirigir un país deberían ser los primeros en defenderla, no en atacarla.
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