Hay una educación que no cuesta dinero, pero vale más que cualquier título: la que se enseña en casa.
Es la que forma personas antes que estudiantes. La que enseña a respetar, a decir la verdad, a cuidar lo que no es propio, a no destruir, a no robar y a no responder con violencia. También es la que siembra valores como la responsabilidad, el esfuerzo, la solidaridad y el respeto por el entorno.
La escuela puede enseñar matemáticas, historia o ciencia. Pero hay cosas que nacen mucho antes, en el ejemplo cotidiano, en las conversaciones del hogar, en lo que los niños ven hacer a los adultos cada día.
Luchar por una educación de calidad es importante. Pero ninguna escuela puede sustituir lo que comienza en casa.
Porque los maestros educan. Pero los padres forman.