Algo que siempre me dejó, como uruguayo, un sabor amargo del excelente Plan Ceibal fue el de-branding que se hizo de OLPC y el olvido de varios de los impulsores iniciales del proyecto, también uruguayos.
Antes de OLPC, en los 90, la profesora uruguaya Julia Pieruzzi promovía la enseñanza de Logo en las escuelas y hacia malabarismos para conseguir algunas “tortuguitas” robot con las que los niños aprendieran programando. Fue, además, la primera uruguaya que conocí con una cuenta de correo en el Media Lab del MIT y a la primera que escuché hablar y soñar con OLPC en UY, mientras INFED 2000 se compraba 500 cajas del sistema operativo Windows (las vi, apiladas en un sucucho cerca del Parque Rodó y daban ganas de llorar) y media docena de autos Chrysler Neon para que se pasearan sus directivos de rango medio, porque para los de mayor rango estaban los Stratus.
Conozco bien esa historia porque en aquella época todavía no estaba difundido Internet en Uruguay. Las pocas conexiones que existían las tenía la universidad (SeCIU), que hacía todo lo posible para que Internet no saliera del ámbito académico—no fuera cosa que la gente de a pie se ilustrara. Se veían venir su momento Uber.
Desde nuestro BBS hacíamos, con enorme costo de llamadas internacionales, varias conexiones diarias por modem a EE.UU. para subir y bajar correo mediante UUCP, y así Julia podía comunicarse con Negroponte y su equipo. Eso incluía, a veces, ir hasta su casa en Ciudad Vieja para ayudarla con la instalación del módem, y en esas charlas en las que pasaba hablando de Negroponte y Seymour Papert, fue que escuché que estaba trabajando, y soñando con OLPC en UY.
Plan Ceibal es espectacular; probablemente una de las mejores implementaciones de OLPC en el mundo. Pero siempre me pareció de muy baja calaña minimizar o borrar el puntapié inicial de OLPC y el trabajo de quienes empujaron esas ideas desde el comienzo.