Tienes 11 años
te gusta Dragon Ball
y te acabas de enterar de que tu mamá
no estaba trabajando en Caracas.
Estaba en la cárcel.
Te dijeron tantas veces que te quería,
que le hacías mucha falta,
que estaba en algo importante
y que pronto volvería.
Todas esas veces fue verdad.
Tienes 11 años
y por primera vez hiciste una "visita familiar".
Costó mucho.
Te la habían mostrado en fotos,
de alguna forma sabías cómo era,
pero ya eran 6 años tras las rejas,
más de la mitad de tu vida.
Hace 6 años del abrazo
sin saber que no volvería.
Ya vas terminando la primaria.
La familia te ayudó con las tareas
mientras mamá estaba en un lugar sin nombre,
uno del que se habla poco
y que ni siquiera entiendes del todo.
En el cuaderno de espiral,
sabes marcar las líneas,
sabes definir las sombras acostando el lápiz,
y sabes darle a Gokú la libertad de volar
para vencer el mal y cumplir los deseos del mundo.
Tener una madre o un padre
en prisión política en Venezuela
es la historia no contada de muchos niños.
Que haya inocentes encerrados
es la pregunta más difícil en un país
donde encarcelan a quienes piensan diferente,
o a quien solo iba pasando,
como hace cien años,
como si mandara Gómez, pero con TikTok,
es la brutalidad de encerrar disidentes,
de encerrar a los que no estaban haciendo nada,
de desaparecer, golpear y encarcelar,
para que los demás tengan miedo.
Y mientras la violencia sirva de ejemplo
para callar a una sociedad que teme,
los niños se quedan sin sus madres o sus padres,
sin que les coloreen la vida
y no se sientan solos.
Son tantas preguntas en 6 años
que no alcanzará la vida para responder.
Son tantas caricias ausentes,
tantos años escolares,
tantas navidades y cumpleaños,
que todos se quedarán cortos en el futuro
cuando hablen de reparación.
Porque habrá futuro.
Porque en algún momento se abrirán las rejas
y veremos salir a cada inocente preso,
veremos salir a los que sobrevivan,
a los que son extrañados todos los días,
y a los no abrazados en mucho tiempo.
Mamá estaba lejos. Sí.
Encerrada. Sin justicia.
Sin la misma movilidad por lo golpes,
ni la misma sonrisa.
Sin el hermano que no llegó a nacer.
Pero mamá ama, sufre y espera,
como tantas. Como tantos.
Mamá sabe también que todavía queda felicidad en el mundo
porque estás tú
que has venido de visita
y te han cuidado bien.
Dibujamos héroes
porque son nuestros mitos,
porque extienden nuestras vidas
y refuerzan nuestros valores:
la libertad, la lucha,
la lealtad a los amigos y el bien.
Extrañamos
para no sentirnos extraños ni ajenos.
Para no divorciarnos de nuestras ausencias.
Preguntamos
porque no sabemos
y porque abunda el silencio estos días.
Tienes 11 años
sabes que reunir las esferas del dragón
sirve para pedir un deseo,
y eso puede parecer imposible,
pero tal vez ya se cumplió el primero.
Mamá te abrazó.
Ahora vamos a dibujar de nuevo,
porque faltan más.