La Catrina, el símbolo más reconocible de México en el mundo, nació como un insulto. José Guadalupe Posada la llamó "Calavera Garbancera", haciendo referencia a la gente que vendía garbanza, aquella que teniendo sangre indígena pretendía ser europea y renegaba de su propia raza, herencia y cultura. Era una burla directa a las mujeres mestizas del Porfiriato que se ponían sombrero francés con plumas de avestruz y se hacían las refinadas en la sociedad de Porfirio Díaz. En los huesos, pero con sombrero francés", decía Posada. Era una caricatura política, no un símbolo de identidad. Posada la grabó en metal alrededor de 1910 y la publicó en una hoja suelta de imprenta junto a versos satíricos. Murió en enero de 1913 tan pobre como había nacido, su cadáver salió de una vecindad en Tepito hacia las tumbas de sexta clase, las únicas gratuitas del Panteón de Dolores, y quedó en el olvido en una fosa común. Diego Rivera, que lo admiraba profundamente, lo rescató del olvido décadas después. En 1947 pintó el mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, donde dibujó a la calavera elegantemente vestida, paseándose del brazo de Posada, mientras Diego niño toma su mano y Frida Kahlo está detrás. Fue Rivera quien la llamó Catrina, quien le puso cuerpo completo, quien la vistió de dama de la alta sociedad y quien la convirtió en el ícono que hoy aparece en todo el mundo cada noviembre. El insulto de un grabador pobre que murió en fosa común se convirtió, gracias a un muralista famoso, en el símbolo más exportado de México. Posada nunca supo lo que había hecho.