El Madrid da tumbos siguiendo los delirios de un anciano que confunde a Gonzalo García con su nieto Joaquinito. El domingo no vio la Supercopa. La boliviana, como cada tarde, le peló una pera para merendar, que no se terminó porque se quedó plácidamente dormido viendo Cifras y Letras. Despertó desorientado a las 23:00h, llamó a José Ángel Sánchez y le ordenó despedir a Vanderlei Luxemburgo por no poner a Morientes.
Este decrépito individuo presentó el proyecto de su vida, que pretendía revolucionar el fútbol mundial, a las 2 de la mañana en Mega, junto a Edwin Congo, Pipi Estrada y Cristóbal Soria disfrazado de bruja.
Se ha gastado cientos de millones en fichajes y no ha sido capaz de traer a un centrocampista sin deficiencias psíquicas o adicciones a sustancias. Ha despilfarrado más de mil millones en un ciber-retrete colosal, donde no se ha podido celebrar ni un concierto de Lola Índigo.
Cuando el sábado, en el Xanadú de la Castellana, suenen los cánticos de “hola fondo norte” y los japoneses haciendo trends de TikTok, debemos sellar el césped retráctil con Pañalino debajo. La lata ruinosa será su mausoleo. Lo enterraremos vivo junto a sus sirvientes Jude Ballantines, Fede Bonino, Pintus y Ferreras, como a los faraones egipcios.
Eso sí, su gestión al frente del Barcelona, el club de sus amores, ha sido impecable. Al César lo que es del César.
RuidoBernabeu tenía razón.