El odio que sienten la mayoría de los opositores que se fueron del país hacia Maduro y Cilia es realmente la proyección del odio bien merecido que le tenían a Chavez, el afroindígena marxista tiránico que destruyó a Venezuela y la hundió en la miseria, que murió en el 2013 y lo volvieron a matar bien muerto el 3 de enero, transferido hacia estas dos caras que fueron elegidas a dedo por los cubanos marxistas para darle continuidad al sistema chavista luego de la primera muerte de Chavez. Pero el verdadero padre de toda esta desgracia y merecedor de todo el odio y quien verdaderamente tiene la culpa de la destrucción total de Venezuela es el tirano Hugo Chávez Frías que gracias a Dios está muerto y ahora sí es verdad que nunca volverá porque Trump lo terminó de matar el otro día. En ese contexto de un Chavez muerto y que nunca jamás volverá, puedo encontrar en mi corazón el agradecimiento a la vida por habernos puesto en esta situación porque el mal sirve para iluminar el bien a través del contraste y miren dónde terminamos: mucho más conscientes, maduros y evolucionados política, intelectual y espiritualmente y Venezuela va a ser una gran potencia gracias a que el chavismo fue una experiencia tan horrible para todo el hemisferio que obligó a Trump a intervenir, tomar control y poner orden.