Esta es para los colegas y alumnos de EPF 🤣
Siempre decimos cuidado con las manos...
El técnico que reparaba televisores con los ojos cerrados
Es domingo y la mente anda suelta. Hoy me acordé de esta historia de taller que todavía me saca una carcajada cada vez que la cuento.
Hace algunos años tenía mi local de service y venta de componentes. Una mañana, cerca de las 9, entró un técnico y me pidió un transistor de potencia para un TV de 29”.
Mientras le cobraba le advertí:
- Fijate bien el transistor driver y los capacitores de la etapa horizontal, porque si la forma de onda no llega limpia, lo vas a volver a quemar.
- Sí, sí… ya veo —me dijo, pagó y se fue.
A las 12 del mediodía apareció de nuevo.
Compró el mismo transistor.
A las 4 de la tarde, tercera vez.
Ahí ya lo frené:
- Decime una cosa… ¿cuántos televisores de esa marca tenés para reparar?
- Uno solo.
Venía por el tercer transistor del mismo aparato.
El televisor era un tanque de 29 pulgadas, pesado como un ropero viejo, y él andaba en moto. No tenía sentido seguir quemando transistores.
Así que le propuse:
- Mirá, cargo las herramientas y un par de instrumentos y te sigo con el auto. Vamos a ver qué está pasando realmente.
Llegamos a una casita humilde. El “taller” era una mesita limpia y ordenada… pero no había nada más.
* Ni tester
* Ni osciloscopio
* Ni lámpara serie
Solo un soldador viejo y un rollito de estaño.
Ahí me empecé a preocupar en serio.
- Loco, decime la verdad… ¿cómo hacés para reparar televisores?
El hombre me miró con total seriedad y me soltó:
- Mire ingeniero… yo soy pastor. Cuando destapo el televisor hago una oración, cierro los ojos… y Dios guía mis manos directo al componente que falla. Lo cambio, vuelvo a armar y el aparato anda. ¡Es por obra y gracia del Señor! Aleluya.
Ahí entendí todo!
Esos televisores de tubo antiguos necesitaban entre 25.000 y 30.000 voltios (25-30 kV) de Alta Tensión para generar el rayo catódico que pintaba la imagen en la pantalla.
El tipo metía las manos a ciegas, guiado solo por la fe, entre placas que podían quemarle una mano o matarlo en fracciones de segundos… y seguía vivo.
Ese era el verdadero milagro.
Saqué mi caja de herramientas, bajé los instrumentos, revisamos la etapa horizontal, cambiamos un par de componentes que “se le habían escapado a Dios”, ajustamos lo necesario… y el televisor quedó funcionando perfecto.
Ese día confirmé algo importante:
La fe mueve montañas… pero para reparar un TV de tubo, además del milagro, nunca está de más un buen tester y un osciloscopio. 🤣
El Tío Pedro
Tucumán
17/05/2026
¡Aleluya e instrumentos, hermanos!
(imagen ilustrativa creada con IA)