Según una investigación de The New York Times, están proliferando en redes sociales cuentas políticas que aparentan ser personas reales, pero que en realidad serían avatares generados con inteligencia artificial. El diario identificó al menos 304 cuentas en TikTok que difundían contenido pro-Trump, muchas sin indicar que eran generadas con IA.
Lo preocupante no es solo el mensaje. Es la creciente capacidad de simular autenticidad. Rostros, voces, gestos y estilos que imitan cada vez mejor a personas reales y dificultan distinguir entre apoyo social genuino y apoyo fabricado.
El reto que tenemos por delante es serio. No se trata solo de verificar qué se dice, sino también quién lo dice. Y a medida que estas herramientas mejoran, esa distinción será cada vez más difícil, con implicaciones directas para la integridad informativa, la confianza pública y los procesos democráticos.