Kamala Harris ganó este debate.
Tenía objetivos claros:
Hablarle al porcentaje de votantes indecisos.
Presentarse frente a ese electorado como una opción diferente, segura, representante de una generación nueva, dispuesta a “pasar la página”.
Ser la candidata del “cambio”.
Exhibir a Donald Trump como un radical, inestable. Ponerlo a la defensiva.
Y hacerlo todo con una energía y elocuencia completamente diferentes a las de Biden.
Lo consiguió con creces.
Trump estuvo a la defensiva durante prácticamente todo el debate, cayó en provocaciones y distracciones (claramente planeado por Harris con antelación) en los temas más importantes para él, como la migración.
Vociferó, exageró y mintió.
Tanto así que los moderadores tomaron la decisión (casi) inédita de corregirlo varias veces.
Un triunfo fundamental y claro para Harris.
(Y para los tercos: cuando Biden perdió el debate pasado, lo dije con toda claridad)