Denunciamos ante el pueblo boliviano y la comunidad internacional la expulsión de una delegación de activistas y defensores de derechos humanos provenientes de Argentina. Es una señal alarmante que quienes vienen a observar, documentar y defender derechos sean tratados como enemigos, mientras se multiplican los vínculos y visitas de organismos de seguridad estadounidenses en nuestro país. Así comenzaron los capítulos más oscuros de nuestra historia latinoamericana.
La coordinación entre aparatos de seguridad, la persecución política y el hostigamiento a quienes denuncian abusos fueron características del Plan Cóndor y de las dictaduras que sometieron a nuestros pueblos. Bolivia no puede recorrer ese camino. Cuando se expulsa a defensores de derechos humanos y se intenta silenciar la observación internacional, la democracia se debilita y las alertas sobre autoritarismo se encienden en toda nuestra América.