Antes de encarar la dolarización, tenemos que dar un paso fundamental como sociedad y empezar a aceptar los dólares manchados. No podemos pretender que una transacción entre un gomero y un munipa alimentado a mate y pan con dulce de leche funcione con billetes esterilizados. Somos un país de mano percudida, de choripán y capot levantado. No camina más esa de hacerle un scouting a los billetes.