Personajes como Olga Sánchez Cordero fueron de enorme utilidad para AMLO en 2018.
Con una supuesta trayectoria “institucional”, sirvieron como tontos útiles (en el lenguaje leninista) para convencer a miles, quizás millones, de que López Obrador era un demócrata, que no había nada que temer, que sería un gobernante “socialdemócrata” e inocentadas por el estilo.
Blanquearon a un personaje que jamás había tenido un compromiso con la democracia —y ellos lo sabían— y que hoy es el artífice del desastre institucional y en materia de violencia que vive el país. Por lo tanto, el legado de este tipo de personajes es nefasto y su irresponsabilidad, enorme.
Siempre serán recordados como los cómplices perfectos para instaurar un nuevo régimen autoritario y liberticida