Para estos violadores y torturadores no hay indignación pública.
Y estos son los peores, porque son FUNCIONARIOS PÚBLICOS. O sea: violan y torturan usando su uniforme y su poder, a mujeres absolutamente vulnerables.
Cierto que son mujeres presas.
Algo habrán hecho, me dirán.
Esto pasó el 3 de junio mientras estábamos en las calles pidiendo por Ni Una Menos. Hay vidas que parecen importar más que otras y en el último eslabón de esa cadena siempre están las presas. Debería ser un escándalo.