🔎 anatomía de una contradicción
el sifón liberal — entrega 34
Dale RT, y que Córdoba lo sepa.
Hace tres semanas, en el corredor que une Córdoba, La Calera y Villa Allende, la fuerza antinarco encontró doce kilos de cocaína y treinta y dos kilos de sustancia de corte.
Leé las dos cifras juntas, porque la noticia no son los doce kilos. Son los otros treinta y dos.
Por cada kilo de droga, casi tres de relleno.
De cada kilo que entra, fabrican cuatro.
Con prensa hidráulica, licuadoras y ácido sulfúrico, todo secuestrado en el mismo operativo, todo en el parte oficial.
Eso no es un punto de venta. Es una fábrica.
La fábrica del pipazo: la cocaína basura, multiplicada con cualquier porquería, que se vende a precio de pobre y arrasa barrios enteros.
¿Y con qué la cortan? Días atrás cayó otra pieza del rompecabezas, en el mismo corredor: un empleado
de un laboratorio farmacéutico que abastecía de fármacos a una banda para adulterar la droga.
Un laboratorio. Y esto encastra con una alerta sanitaria que el propio Ministerio Público emitió hace meses: en la calle circula cocaína mezclada con xilacina, pregabalina, carisoprodol.
Anestésicos, relajantes, drogas de farmacia.
El veneno tiene proveedor de guante blanco.
La Calera, además, tiene prontuario propio: bandas desarticuladas en 2022 con armas
y referentes con antecedentes de homicidio, una organización con cuatro bocas de venta y ocho depósitos de guardado y fraccionamiento, delivery familiar, y —esto duele especialmente—droga escondida en un merendero. Un merendero. El lugar donde van a comer los pibes que no tienen qué comer.
Ahora, el momento de rigor.
Brenda Torres era de La Calera. La destruyó en vida exactamente este producto: el pipazo.
El circuito industrial del veneno que la consumió está acá, documentado por el propio Estado, con fábrica, química de laboratorio y red de distribución, funcionando en su corredor, un año después de que la encontraran en bolsas.
Cayeron dieciséis menudistas. Cayó un empleado. ¿Y el laboratorio del que salían los fármacos? ¿Nadie controla el stock de un laboratorio?
¿Y el dueño de los doce kilos? ¿Y la ruta por la que entraron? Sobre eso, los partes oficiales no dicen una palabra. Nunca la dicen.
El Gobierno conoció a Brenda dos veces. Una para ficharla por menudeo. Otra para juntar sus restos.
Entre las dos, el circuito que la estaba matando no le interesó nunca. Y a juzgar por los partes,
sigue sin interesarle: la fábrica era de cuatro kilos por cada uno que entra, y lo único que no apareció todavía es alguien preguntando para quién.
📌 El Sifón Liberal ·
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