La curia vaticana actual jamás esperó que la pequeña Fraternidad rompiera el silencio para desvelar al mundo aquello que el discurso oficial se empeña en ocultar. Aquellos lejanos años de 1988 cuando el aparato mediático de Roma se conjuró para demoler a la Fraternidad San Pío X, han quedado atrás. Hoy, la realidad es otra: el pequeño rebaño no está solo y los fieles han perdido el miedo a las represalias del sistema. De hecho, los realizadores del documental han sido precisamente dos muchachos, cansados de las sistemáticas calumnias y difamaciones en contra de la fraternidad, durante los últimos años.
El tema es que la situación actual es radicalmente distinta: ya no estamos ante clérigos "exagerados" que denunciaban el giro de Roma luego del Concilio Vaticano II, acusados de "conspiranoicos" y "pinchaglobos pesimistas". Hoy, las evidencias de una sociedad que, producto de la desacralización de sus bases católicas ha sucumbido a la satanización, son copiosas y flagrantes. Nos asaltan a cada paso. Quien se atreva a negarlo, habita un mundo de fantasías o padece una ceguera voluntaria ante la realidad.
Es innegable que esta subversión tiene su origen en la década de los sesenta, cuando una curia masonista infiltrada en las altas esferas de Roma decidió que era imperativo mutilar la doctrina y despojar a la Santa Iglesia de los baluartes que la protegían frente al humo de Satanás, como el mismo Pablo VI tuvo que admitir que había penetrado insidiosamente en el Templo.
Por ello, este 7 de junio, ante el estreno de la primera parte del documental de la FSSPX, el católico tendrá la oportunidad de contemplar y examinar la labor silenciosa de los sacerdotes de la FSSPX de boca de ellos mismos, siendo los espectadores dueños de sacar sus propias conclusiones.
Comprenderán por qué la mayoría de los visitadores enviados desde Roma con el fin de fiscalizar a la Fraternidad, terminaron convencidos de la integridad de la misión de los FSSPX. Es el caso, ciertamente, de Monseñor Vitus Huonder quien tras una vida de servicio en la jerarquía, decidió retirarse al seno de la Fraternidad en Écône, solicitando que sus restos descansaran finalmente junto a los de Monseñor Marcel Lefebvre, un gesto que sella su testimonio de fidelidad a la Tradición.
Es muy sencillo aborrecer aquello que se ignora o denostar lo que nos resulta extraño. Sin embargo, cuando un alma se adentra en esta comunidad y atestigua, con juicio y rectitud la labor providencial y silenciosa que se realiza en favor de la Iglesia Católica, resulta imposible no alzar la voz ante la injusticia. Se convierte en un imperativo moral dar un paso al frente para defender la VERDAD, frente a las supercherías de aquellos que, habiendo abandonado el servicio a Nuestro Señor, han claudicado para servir a Su adversario.
Que muchos católicos puedan ver el documental TRADITIO por amor a la Iglesia.
Mar Mounier.