El USS Gerald R. Ford es el mayor portaaviones del mundo y el mayor buque de guerra jamás construido, con 337 metros de eslora, unas 100.000 toneladas de desplazamiento, una cubierta de vuelo de casi 80 metros de anchura, capacidad para operar unos 75 aviones y helicópteros y una tripulación cercana a las 4.500 personas. Una auténtica ciudad flotante, impulsada además por dos reactores nucleares capaces de mantenerla operativa durante años sin repostar combustible fósil.
Estados Unidos quiere estudiar si su enorme capacidad eléctrica puede utilizarse para suministrar energía a instalaciones terrestres y convertirlo, llegado el caso, en una fuente de respaldo para bases militares e infraestructuras críticas.
La propuesta resulta menos extraña de lo que parece cuando se entiende qué es realmente un portaaviones nuclear moderno. Los reactores del USS Gerald R. Ford no solo mueven un barco de dimensiones colosales, sino que alimentan radares, sistemas de combate, catapultas electromagnéticas, ascensores de armamento, talleres, climatización, iluminación, cocinas y todo lo necesario para sostener operaciones aéreas de alta intensidad desde una plataforma móvil en mitad del océano.
Si parte de esa energía puede exportarse a tierra, las aplicaciones potenciales son enormes, porque un buque así podría mantener operativa una base naval tras un apagón, un huracán, un terremoto, un sabotaje o un ciberataque contra la red eléctrica, además de apoyar puertos, centros logísticos, radares, hospitales de campaña, sistemas de comunicaciones o despliegues rápidos en regiones con infraestructuras dañadas o inexistentes.
Esta prueba podría servir como banco de ensayos para desarrollar centrales nucleares flotantes y soluciones energéticas móviles capaces de llevar electricidad firme allí donde más se necesite, desde territorios remotos hasta zonas afectadas por conflictos o desastres naturales.
Rusia opera desde 2019 una central nuclear flotante, el Akademik Lomonosov, que proporciona electricidad y calor para calefacción y usos industriales a la ciudad ártica de Pavek.
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