3. El refugio en el monólogo interior y la desconexión afectiva
La soledad extrema de este tramo de la novela consolida la técnica arltiana del monólogo interior disociativo. Erdosain ya no habla con los demás; habla para sí mismo frente a los demás. Los "primeros sentimientos" de culpa por el desfalco y el abandono se estancan en su mente, repitiéndose en un bucle obsesivo. Esta desconexión afectiva total es el paso previo y necesario para su entrega final a los "siete locos". Un hombre que ha sido vaciado de sus afectos primarios y condenado a la soledad absoluta ya no pertenece al mundo de los vivos; se convierte en un fantasma ideológico, un ser perfectamente maleable para cualquier mesianismo destructor.
En el universo arltiano, la soledad es la antesala de la locura colectiva. El individuo que no puede encontrar un eco a sus sentimientos primarios en el prójimo, termina buscando la validación en el fuego del delirio compartido.