Cuba es un feudalismo dolarizado al que ellos llaman eufemísticamente “socialismo”.
Un régimen comunista cruel que no necesita abrirse como Vietnam ni comprar lealtad con recursos propios como hacen muchos regímenes del Medio Oriente. ¿Por qué? Porque ha convertido a los exiliados en su principal recurso extractivo.
Vietnam tuvo que abrirse de verdad porque no contaba con una diáspora millonaria enviando miles de millones al año. Cuba la utiliza como muleta. Ese es su verdadero petróleo: los mismos cubanos que el régimen obligó a buscar una vida digna en el exilio son hoy los que sostienen al sistema que los destruyó.
Es difícil encontrar en la historia moderna una contradicción más brutal y explícita.
Y ahí está ese régimen, cobrando una vez más a la diáspora lo que descaradamente ha robado al pueblo cubano: la infraestructura.
La “potencia fotovoltaica” es la novedad del día: El cubano ahora se ve obligado a pagar en dólares por algo tan básico como la electricidad (desde 300 USD por 0,5 kW hasta 6.000 USD por 10 kW). No instalas nada propio; le pagas al Estado por el derecho a existir bajo el sol.
El control de las mipymes: El combustible destinado al sector “privado” termina controlado por los mismos comunistas. Y la diáspora paga lo que sea. Pide por esa boca…
Cuba, ese pueblo con aspiraciones de Boeing, no es más que un avioncito de papel al que le mojan las alas apenas intenta volar por su cuenta. Es una isla con disforia de identidad: se percibe avión, pero en realidad es la fruta fácil y madura que todos los rapaces disfrutan mordiendo: el régimen, políticos cubanoamericanos corruptos, influencers hedonistas y oportunistas, extranjeros en busca de placer barato y visibilidad, y esa parte del exilio dueño de la mayoría de las mipymes que solo ve un negocio fácil.
Es una especie de prostituta arrinconada, desmembrada, compartida, despojada de toda autonomía. “Tú dependes de mi monopolio. A ver cómo pagas si no quieres seguir cocinando con carbón”, le susurra al oído su chulo, la dictadura del PCC.
¿Qué lleva Cuba? Un cambio intrínseco en su sistema de valores y creencias. Algo real, sin eslóganes.
Necesita desaprender la mentalidad de dependencia, tanto de un Estado que la reduce a polvo como de un “benefactor” externo sin empatía y con bolsillos hambrientos.
Hay que pasar de ser receptores pasivos y explotables a ser agentes activos de nuestra propia vida. El primer paso no es mágico ni político: es psicológico.
Hay que aceptar una verdad incómoda: nos han hecho creer en un Estado omnipotente que nos debe garantizar la vida, cuando en realidad es un abusador sistémico. Pedirle soluciones al Estado cubano es como pedirle medicina al que te envenena.
Pero ¿cómo enseñar a un pueblo a desaprender?Concientizando. Trabajando el proselitismo inverso. Pero, ante todo, aceptando que esa mentalidad de siervo existe. Si no la extirpamos, los rapaces seguirán ahí, al acecho, esperando la oportunidad para morder tu dignidad mientras te prometen una ración de migajas.
Hay que ponerse las pilas con este tema.
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