Hay que sufrir de una profunda indigencia mental y moral, para criticar el cariño que gente sencilla le manifiesta a un presidente que como ellos relatan "nos trajo agua, arroz, zapatos, libros, a mi caserío" o "construyó una escuelita, posta, comedor, en mi aldea". Esta gente humildísima en su gratitud demuestra una grandeza de espíritu a la que la inmundicia odiadora jamás podrá aspirar.
Pero lo más despreciable de este asunto, es burlarse del cariño y aprecio de esta buena gente, mofarse de su gratitud para con quien llegó hasta los confines de esos pueblos olvidados, sabiendo que el Perú es un país con el 30% de peruanos en situación de pobreza y con 53% de niños entre 0 y 5 años que sufren anemia.
El infranivel de esta gentuza odiadora es tal que incluso llamarlos escoria, sería hacerles un cumplido.