Don Manuel Fraga Iribarne era un hombre honrado que nunca robó un céntimo. Cultísimo y respetado por todos sus rivales políticos, fue denostado públicamente a menudo por su relación con el franquismo, ignorando a sabiendas su integridad sin tacha y su trabajo de toda una vida por la gente trabajadora, a la que siempre ayudó. Pocos saben, por ejemplo, que una de sus primeras medidas tras ser elegido presidente de la Xunta de Galicia, fue crear un seguro de vida para los marineros y mariscadores gallegos, financiado íntegramente por la Xunta. Además de indemnizaciones por muerte o invalidez (alrededor de 24.000 euros en la época para víctimas mortales, según referencias posteriores), una de las prestaciones más destacadas y recordadas era el apoyo a la educación de los hijos de los marineros fallecidos: cubría becas o pagos para estudios, incluidos los superiores (universitarios). Esto buscaba aliviar la carga económica a las familias y garantizar oportunidades formativas a los descendientes, reconociendo el sacrificio de los trabajadores del mar.
Paradojas de la vida: la hija medica de Fraga Iribarne muere en Madagascar trabajando en labores humanitarias para los más pobres.
Las hijas de Zapatero pueden ser procesadas por maquetar informes falsos de su padre imputado por contrabando y delito fiscal. El apoyador de dictadores criminales, ladrones, sátrapas y muy progresistas (para ellos)