Lo del Papa en Barcelona.
Toda esta corte de seguidores maravillados, absolutamente entusiasmados con lo que sucedió ayer en Barcelona, nos confirma algo: la liturgia es absolutamente esencial en la Iglesia católica. De hecho, yo siempre he dicho que, si la Iglesia católica hubiera continuado con la misa tridentina en latín y sin que el oficiante se dirigiera a los fieles, todavía tendría hoy más seguidores. El misterio y la representación sublime de lo sagrado venden.
Para la Iglesia católica, la liturgia es fundamental porque no es solo un recuerdo histórico. Funciona como una representación teatral que simboliza un encuentro vivo y una actualización del misterio de Cristo. Es una metáfora, una representación para hacer accesibles realidades divinas y abstractas, utilizando el simbolismo, la arquitectura, la música y los gestos físicos para involucrar a toda la persona.
La importancia de esta dimensión escénica, representativa y teatralizada radica en varios pilares clave. Los ritos, signos y símbolos no son meras dramatizaciones teatrales. Se utilizan como vehículos metafóricos para que, en la cabeza de quien lo vea, se haga presente la pasión, muerte y resurrección de Cristo en el "hoy" del creyente.
Desde la antigüedad, la representación litúrgica ha servido para instruir. A través de las lecturas, el año litúrgico, los colores de las casullas, las vestimentas del oficiante, de los monaguillos y, muchas veces, de quienes van a ver la representación; mediante el espectáculo de luces; mediante toda una representación teatralizada muy bien organizada, se comunica la historia de la salvación de forma visual y sensitiva, accesible para todos, independientemente del nivel cultural de quien asiste al acto. Es una experiencia inclusiva que está pensada para que todo el que la vea y la experimente la entienda. No pretende ser elitista ni dirigirse solo a un público muy culto.
Se trata de una experiencia sensorial y corporal. La Iglesia enseña que los humanos también oran con el cuerpo. El incienso, las posturas (arrodillarse, ponerse de pie), las procesiones y el canto son expresiones teatrales y representativas que ayudan a elevar la mente y el corazón hacia lo trascendente, pero también consiguen que se entre en un estado de trance mediante el control de la respiración (el canto) y los movimientos. Por no hablar de que el incienso reacciona con el oxígeno y es fácil entrar en una especie de hipoxia.
La eucaristía es fuente y culmen. Se define como la cumbre a la que tiende la actividad de la Iglesia y la fuente de donde mana toda su fuerza. Todos los sacramentos se celebran litúrgicamente para mantener y renovar la comunión de los fieles con Cristo y entre ellos.
Si usted es creyente, habrá salido fascinado porque habrá entrado en comunión con Dios y, si usted no lo es, le habrá fascinado igual. Habrá quedado conmovido como habría quedado conmovido ante un ballet bien ejecutado o una ópera bien interpretada
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