CORNEJO Y MADRID, MAESTROS DEL LINCHAMIENTO AJENO, MARTIRES CUANDO SE LES CONDENAN
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@ChismeandoCMery
Hay cosas que sorprenden y luego está el nuevo capítulo de los gurús del espectáculo lacrimógeno que ahora imploran justicia como si el karma les hubiese hecho un redoble en la puerta del despacho.
Óscar Cornejo y Adrián Madrid arquitectos del universo Telecinco y padres fundadores del “todo vale”, han sido condenados por revelación de secretos... dos años de cárcel, multa de 200.000 euros y dos años de inhabilitación y ante semejante sentencia, su productora, La Osa, sale con un comunicado en el que aseguran estar “tranquilos”, “convencidos de su inocencia” y por supuesto que recurrirán, ¡¡faltaría más...! El manual del superviviente de Salvame, negar, relativizar y buscar una puerta giratoria.
Hasta aquí normal, pero lo realmente fascinante es el argumento que dan, como la causa estuvo archivada en un primer momento, cómo es posible que ahora haya condena.
Ah ¿sí? ¿archivada? ¿y eso les parece ahora un argumento sólido?
¡Curioso! porque cuando produjeron la famosa docuserie de Rocío Carrasco esa misma lógica se les extravió bajo las luces del plató.
Porque repasemos... La denuncia de malos tratos que Rocío Carrasco presentó contra Antonio David estaba archivada, repito... ¡ARCHIVADA!. No llegó ni a juicio porque ningún juez vió indicios suficientes de delito. Da igual, en la docuserie se presentó como si fuera una verdad judicial irrefutable.
También se retrató a Antonio David como un delincuente, un especialista en alzamiento de bienes, dedicándole un capítulo entero cuando esa causa ni estaba juzgada y hoy ya juzgado sabemos que ha sido absuelto.
Pero lo más grave es otro punto cuidadosamente ignorado por quienes ahora claman inocencia, el daño brutal causado a Rocío Flores, una joven que vió cómo se ventilaba mediáticamente una sentencia de menores que por ley debería haber sido protegida, convertida en argumento dramático para la docuserie, un episodio que jamás debió usarse para alimentar ningún relato televisivo y mucho menos para colocarla en el papel de villana nacional durante meses.
Y como si no fuera suficiente, el colofón de una crueldad milimétrica fué llevar a su propia madre Rocío Carrasco como testigo en la causa contra su hija, reabriendo heridas, alimentando el enfrentamiento y utilizando un drama familiar como material inflamable para un nuevo ciclo de televisión. Eso no era contar una historia, era echar sal en una herida que ya sangraba.
Pero en aquel momento todo valía, lo archivado valía, lo no probado valía, lo no juzgado valía, lo que aún estaba pendiente también valía, valía siempre y cuando generara share. Valía porque convertía personas, familias y reputaciones en carne de espectáculo a golpe de luces y música de tensión.
Ahora sin embargo, cuando son ellos los condenados, cuando la maquinaria judicial les apunta a ellos y no al personaje televisivo de turno, entonces sí, entonces el archivo es sagrado, el proceso es injusto y las resoluciones “no son firmes”. Entonces se apela, se matiza, se contextualiza. Entonces la justicia tiene que ser fina, quirúrgica, comprensiva. La doble vara de medir es tan grotesca que da vergüenza ajena. Lo preocupante no es solo esta contradicción monumental, lo preocupante es que durante años hicieron de la destrucción pública su modelo de negocio, linchamiento emocional en prime time, exposición sin escrúpulos y explotación del dolor ajeno como si fuera un deporte olímpico. Crueldad en vivo, éxito en directo y bolsillo lleno al acabar la emisión. Pero claro, cuando los señalados son ellos, cuando el foco deja de apuntar hacia fuera y les quema la nuca… entonces sí que es grave, entonces sí que es injusto, entonces sí que se acuerdan de los archivos, de las garantías procesales y hasta de la Constitución si hace falta. La ironía desde luego, es tan perfecta que ni un guionista con resaca la habría escrito mejor.
#YoMeRebelo28N #Viral
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