Mientras en el Senado le aplauden a la muerte, los mexicanos le lloramos. Desde arriba de esa tribuna debe ser bonito ver a tanta gente aplaudir, aquí abajo tenemos que ver los videos de una maestra jubilada de rodillas, esperando su muerte, mientras la obligan a enviar un mensaje para que todos cedan al miedo.
Doña Irma no solo merecería sus palmas, también merecería su dolor y su coraje para hacer algo que evite tanta muerte.