ESPAÑA Y JAPÓN EN 1614. EL SAMURÁI QUE LLEGÓ AL ALCÁZAR DE FELIPE III DESDE EL NORTE DE HONSHŪ
El 23 de octubre de 1614, una embajada japonesa de treinta hombres encabezada por el samurái Hasekura Rokuemon Tsunenaga cruzó el puente de Triana camino del Real Alcázar de Sevilla. Quimonos de seda, dos espadas al cinto, pajes y un fraile franciscano, Luis Sotelo, que actuaba de intérprete. Hasekura era vasallo del daimio Date Masamune, señor del feudo de Sendai en el norte de Honshū, y llevaba un año entero de viaje a sus espaldas. Había cruzado el Pacífico desde el puerto de Tsuki-no-Ura hasta Acapulco, atravesado Nueva España por tierra hasta Veracruz, navegado el Caribe con escala en La Habana y subido el Guadalquivir desde Sanlúcar.
Era el segundo intento japonés de abrir una embajada a Europa, tras la misión Tenshō de Otomo Sorin, Omura Sumitada y Arima Harunobu con los cuatro jóvenes cristianos de Kyūshū. La embajada Keichō fue una empresa del norte. Date Masamune, daimio de Sendai y excluido del círculo Tokugawa tras Sekigahara, quería abrir comercio directo con Nueva España saltándose a Manila y a los portugueses de Macao, y obtener misioneros franciscanos para evangelizar su feudo. El buque, el San Juan Bautista, fue construido en 1613 en los astilleros de Tsuki-no-Ura, junto a Ishinomaki, bajo dirección española siguiendo el modelo del galeón de Manila.
Había además una cuenta familiar pendiente y es que el padre de Hasekura, Tsunenari, fue ejecutado por corrupción en 1613, lo que normalmente habría supuesto la ejecución de toda la familia. Date Masamune perdonó la vida al hijo y le devolvió el feudo a cambio de aceptar el mando de la embajada y Hasekura embarcó con el honor familiar dependiendo del viaje.
El 30 de enero de 1615 Felipe III lo recibió en Madrid. Hasekura entregó la carta de Date Masamune solicitando un tratado de comercio y misioneros. El 17 de febrero fue bautizado en Madrid con el nombre de Felipe Francisco Faxicura y el padrino fue el duque de Lerma, valido del rey. La embajada continuó después por Barcelona, Génova y Saint-Tropez, siendo el primer contacto histórico Japón-Francia, hasta Roma.
El 3 de noviembre de 1615, Hasekura entró a caballo en la Ciudad Eterna escoltado por la guardia pontificia y tuvo una audiencia con Pablo V Borghese en el Palacio del Quirinal. El Senado romano lo declaró ciudadano honorario por decreto del 20 de noviembre, conservado en el Archivio Capitolino. El pintor italiano Archita Ricci retrató al samurái en un óleo conservado hoy en el Museo de la Ciudad de Sendai. La imagen más antigua conservada de un japonés en Europa.
Mientras Hasekura navegaba, Tokugawa Ieyasu había promulgado en Japón el edicto de expulsión de misioneros el 27 de enero de 1614. Las noticias del giro anticristiano de Edo llegaron a Europa durante la propia embajada. Felipe III, en una segunda audiencia, declinó el tratado comercial. Pablo V envió una carta cortés a Date Masamune sin compromiso firme. Hasekura regresó por el mismo camino.
El Japón al que volvió ya no era el que había dejado. El shogunato había endurecido la persecución. Hasekura murió el 7 de agosto de 1622, un mes antes del Gran Martirio de Nagasaki, donde fueron ejecutados 55 cristianos el 10 de septiembre, entre ellos japoneses y misioneros europeos. La historiografía japonesa ha debatido si Hasekura mantuvo la fe católica hasta el final o si la abjuró bajo presión. Sus dos hijos fueron ejecutados en 1640 por cristianos.
De los treinta japoneses que entraron en Sevilla en 1614, algunos no volvieron. Se quedaron en Coria del Río, en la orilla del Guadalquivir donde la embajada había hecho escala. Cuando la administración española estableció el registro civil moderno y hubo que asignarles un apellido, eligieron el más obvio. Japón. Cuatrocientos años después, unas setecientas personas seguían en Coria del Río con el apellido Japón.
Bibliografía recomendada en los comentarios.