Desde El Otro PR hemos documentado ampliamente esta política de desplazamiento. Una serie de políticas cuyo único fin o resultado es promover el exilio puertorriqueños y, al mismo tiempo, atraer y construir un PR diseñado para millonarios extranjeros. Negarlo es demagogia.
La narrativa del “Puerto Rico sin puertorriqueños” es demagogia, no análisis.
Citar el chat de Ricky como evidencia de política pública es un salto intelectual enorme. Su mensaje repugnante en privado no prueba que haya una conspiración para desplazar a los boricuas. El mercado no tiene ideología — tiene incentivos. Y eso sí se puede cambiar con política pública.
Hay líderes trabajando soluciones - la ordenanza de Romero, los bancos de tierra, programa Prontpa'tu casa, los modelos de San Lorenzo y Coamo, los corredores dando servicio a los vouchers de $200k para darle un techo seguro a los que perdieron vivienda.
Tu pesimismo sin propuesta es un lujo que te dá el periodismo de opinión.
El problema no es que “el gobierno quiere un Puerto Rico sin puertorriqueños.” El problema es que construir aquí cuesta demasiado, tarda demasiado, y los incentivos están mal alineados. Eso no es conspiración — es un sistema roto que nadie ha tenido voluntad de arreglar ni liderar con autoridad.
¿La ley 60 es la causa principal de la crisis de vivienda en Bayamón, Caguas o Ponce? No. El problema es estructural y viene de décadas de poca construcción, herencias en limbo, arbitrios subiendo y permisos imposibles.
Decirle a un niño de cuarto grado que “cuando sea adulto no va a tener donde caerse muerto” es un diagnóstico terminal, no una solución. Puerto Rico necesita liderato que diga “vamos a construir 10,000 mil unidades en 7 años” — no columnistas que expliquen con elocuencia por qué todo está perdido.