Mi columna de hoy en @reformacancha
Flaco favor
Las transmisiones televisivas de antaño se centraban más en la épica que en la táctica del balompié. Durante la narración de la presentación de Cabinho con el Atlante en octubre de 1979, Ángel Fernández obsequia frases extraordinarias, transmite la emoción de las jugadas, hace referencias literarias y hasta se da el lujo de hablar por un momento en portugués, pero solo se refiere a la táctica someramente cuando el lateral atlantista Daniel Montes de Oca se incorpora al ataque.
Hablar de los métodos y la distribución de los jugadores y sus funciones se ha vuelto más común en las transmisiones actuales. Está bien. Es interesante observar las posturas de los entrenadores, cómo las interpretan los futbolistas y la manera en que los planteamientos no son fijos sino maleables; van cambiando sobre la marcha de acuerdo a las circunstancias de los partidos y el juego del contrincante.
Pero quienes se empecinan en hablar tanto de táctica evidentemente carecen de fantasía. Olvidan que a la mayoría de los telespectadores no les interesa ese tópico intrincado: quieren que su equipo gane y que caigan goles. Ven los encuentros por pasión, diversión y desahogo. No piensan tanto o casi nada en los sistemas de juego.
Bajo este panorama brillará siempre la quijotesca figura de quien, sin dejar de interesarse por la estrategia, dio al futbol una nueva dimensión, más amplia, imaginativa e inteligente: César Luis Menotti.
Era una delicia escuchar al flaco de largas canillas, desgarbado y fumador, que paseaba su melena entrecana por los campos de entrenamiento, dejando su semilla de brillantez, un aforismo memorable, un concepto, una idea, en todo aquel que tuvo la fortuna de escucharlo.
César Luis Menotti comprendió el futbol desde un punto de vista intelectual y cultural, más allá de los mencionados planteamientos operativos. En su legado están también una retórica embrujadora y la conquista del campeonato mundial de Argentina en 1978.
La disertación de Menotti no era hueca ni mera palabrería (el “verso”, que dicen los argentinos; el “rollo”, que decimos los mexicanos), sino sermón lleno de conceptos y sustancia.
No es lo mismo el discurso del flaco que el flaco favor que nos hacen quienes ahora llenan el espacio con palabras inentendibles que de momento apantallan pero que no se retienen, o los que, desprovistos de otras herramientas, nomás no hallan en la cancha el yacimiento para un pensamiento más elevado. Por desgracia, el mundo del futbol es terreno fértil para semejantes encantadores de serpientes.
Según varios de sus pupilos, entre ellos Miguel España, al que entrevistamos el lunes en ESPN Radio Fórmula, Menotti impulsó un cambio notable en la mentalidad del futbolista mexicano. Faltó tiempo para que aplicara mayormente su enorme sabiduría en aquellos años noventa de disputas entre televisoras.
APUNTE TAURINO
Y dale con querer prohibir los toros solo porque no le gustan a una persona. Santiago Taboada, candidato a la jefatura de gobierno de la Ciudad de México por los partidos PAN, PRI y PRD, se manifestó abiertamente en contra de la tauromaquia, azuzado por el conductor Marco Antonio Regil.
“No pueden entrar niños”, dijo el político de marras, ignorando que no hay una sola evidencia que demuestre que los menores que van a la plaza se pueden volver violentos. Patrañas. Los políticos no pueden decirles a los padres a donde llevar y a donde no llevar a sus hijos. Es una intromisión inaceptable.
Querer abolir los toros es un acto prepotente, antidemocrático y liberticida; una iniciativa que refleja intolerancia, absurdo encono con el que piensa distinto y total desconocimiento de la vida del toro, el marco ecológico que lo rodea y los miles de empleos que genera una actividad perfectamente lícita y respaldada por una tradición ancestral. Los verdaderos animalistas somos los taurinos.