Los delitos de palabras, la censura y la autocensura.
El Código Penal votado finalmente el año pasado, después de 20 años en el Congreso y sus comisiones, representa un valioso paso adelante… que respaldamos
Sin embargo, como toda obra humana, no es perfecto: acusa algunos fallos o enfoques inquietantes susceptibles de crear males mayores que los que se pretenden enfrentar.
Ese es el caso por ejemplo de los artículos relativos a los delitos de palabra, en torno a los cuales tenemos ciertas reservas: las tipificaciones y sanciones a las infracciones de difamación, injurias, ultrajes, campañas calumniosas o extorsivas.
Es cierto que con las redes, dichas infracciones pueden causar más daños morales o materiales, que los que se provocaban en otros tiempos, con los medios más tradicionales.
Sin embargo, a pesar de esa tendencia inquietante- redes son eruptivas, volátiles, procaces, infamantes, y también manipulables-, esas infracciones, en principio, no deberían castigarse con penas privativas de libertad, o con penas desproporcionadas, y su tipificación debería ser más precisa.
En una sociedad que lucha por ser libre, abierta, plural, esa tipificación penal, podría conducir a la expansión del peligroso fenómeno de la autocensura, lo que estimula la impunidad y los abusos de los poderosos; y peor aún,
menoscaba el derecho de los ciudadanos a ser debidamente informados con información cierta, verificable.
El periodo de vacatio legis, de un año de duración, debería ser el espacio para hacer un ejercicio de corrección, en la línea de lo perfectible.
Bien haría el Congreso Nacional si reajusta el tratamiento penal de los delitos de palabra, para evitar incluso que un mal social mayor que el que se pretende penalizar, termine por provocar efectos que pueden ir más allá de la autocensura, como sería crear un ambiente social levantisco o de rebeldía general.
Pero no tengo dudas de que si no se hace en ese lapso, se hará más temprano que tarde, ya que el pueblo dominicano siempre luchará por sus espacios de libertad…aún sea para desahogarse o rabiar frente a las figuras del poder político, o a aquellos que se creen dueños de una Finca con Pasaporte RD.