La muerte del Niño Guerrero no cierra el capítulo de justicia. Lo abre.
El Tren de Aragua no surgió en el vacío. Creció bajo la presunta protección del régimen de Maduro, con padrinos y cómplices que siguen vivos, poderosos y buscados.
Si Venezuela quiere ser libre, el terror no puede disfrazarse de política.
No hay reconciliación sin justicia.