Pretende el ministro excusar sus acusaciones de prevaricación a los magistrados del Supremo diciendo que los jueces también hacen mal su trabajo y que él tiene libertad de expresión y opinión. Plantea dicotomías falsas.
Por supuesto que hay jueces que no hacen bien su trabajo, pero prevaricar es mucho más que eso, es dictar a sabiendas una sentencia injusta. Las opciones, por tanto, no son hacer bien tu trabajo o prevaricar. Hay mucho gris en medio.
Así mismo, la libertad de expresión no avala el insulto ni la acusación de cometer delito. Las opciones no son callarse o hablar para insultar. Él puede expresar su desacuerdo con la sentencia y decir que le parece injusta, pero no atacar a los jueces.
Pero si opta por ese camino, claramente está queriendo enfrentar al poder judicial. Quiere que la ciudadanía perciba la dialéctica Gobierno-Jueces como una lucha. Y no. El poder judicial no tiene ningún problema con el poder ejecutivo.
Aunque parece que el poder ejecutivo sí tiene un problema con el poder judicial.