Como si las ideas que sirvieron para la emancipación y la autodeterminación nacional de los judíos europeos se hubieran convertido “en una ideología etnonacionalista de un Estado militarista, centralizado, expansionista, racista e incluso genocida”, según ha escrito Omer Bartov.
Sin una súbita rectificación política y electoral, el agujero negro en el que ha caído el sionismo amenazará incluso el futuro de Israel, de donde muchos querrán marchar en vez del refugio y de la patria atractiva que ha sido para los judíos.
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