Hay personas que las olvido, pero lo que nunca he podido olvidar, son todos los perros que he tenido en mi vida.
Cuando era niño vivía en una masía en el campo, primero estuvieron mis abuelos con Kima una perrita pequeña, después ya con mis padres, tuve a dos pastores alemanes, Sultán y Tina.
Después llegó Sacha, una perrita pequeñita y que había sido maltratada, se meaba cuando la tocaba del miedo.
Sacha fue la madre y la abuela de todos.
Tuvo a Patti.
Patti tuvo al primer perro que tuve en mi piso, Durruti, también tuvo a Coco, el último que he tenido.
Pero además me acuerdo de ellos no como una imagen fugaz, sino de cosas comunes que hacía con ellos.
Para mí es lo mejor que existe en este planeta, no descarto tener otro, pero ahora necesito pasar el duelo de Coco, ahora aún no puedo.
De ellos aprendí a querer sin esperar nada a cambio, a dar sin exigir, a respetar, a ser bueno con los niños, a ser persona.
Siempre en mi corazón.