Adorni metía compras millonarias, como la de 8 palos en sábanas, y la hacia poner el nombre para la factura a su secretaria, Gisella Kocsis, una trabajadora de carrera de la administración pública. La misma administración pública que dice odiar. Por favor, qué burdo. Es el peor, más cínico y más imbecil funcionario desde el regreso de la democracia, por amplia diferencia.