Cuando un ciudadano acepta ser postulado por el PAN y gobierna a nombre del Partido y de los panistas, está obligado a cumplir y honrar los principios, valores, trayectoria e identidad democrática con la que nos constituimos hace más de 87 años.
La discusión sobre el lamentable comportamiento del alcalde de Metepec
@FerFlores_Emp y otros escándalos que se han dado entre sus filas, es una prueba directa de responsabilidad ética, de crisis de representación y de la exigencia ciudadana que hoy pesa sobre los partidos.
Y la ética pública debería ser el fundamento del poder, no un simple accesorio que se usa solo como discurso porque cuando un funcionario llega al cargo bajo las siglas del PAN, el partido tiene la obligación moral de responder por él, no de justificarse cuando estalla el escándalo.
La representación no es un trámite administrativo; es un pacto político y ético con los ciudadanos y cuando ese pacto se rompe, no solo cae el funcionario: cae la credibilidad de la institución que lo postuló.
Postular a personajes sin escrutinio, o peor aún, postularlos sabiendo perfectamente quiénes son, es faltarle el respeto a un electorado que está harto de simulaciones.
El incidente en cuestión, hace evidente los riesgos a la apertura indiscriminada, sin reglas claras ni exigencia institucional, de las candidaturas del Partido a ciudadanos o militantes cuya aspiración política se aleja de hacer realidad en la vida de México al humanismo político.
Si en el PAN queremos tener credibilidad cuando hablamos de principios, debe demostrarlos en la práctica, porque a eso se le llama congruencia. Hechos como este, deben ser minuciosamente analizados por los órganos de decisión del PAN, conforme a sus obligaciones estatutarias, sin que la urgencia del deslinde público de este tipo de conductas por algunos dirigentes, impida actuar para salvaguardar el prestigio del PAN.
O damos respuestas claras como institución o permitimos que bajo el trágico régimen morenista, sigamos sin ser opción.
@monicagarzag @nacholozano @macciudadano