Dayana dejó el vaso sobre la barra y la observó con calma.
ᅠᅠ⸺Kumiho, entonces. Tomaré nota para no volver a ofenderte. ⸺respondió con serenidad. La tenue sonrisa en sus labios apenas duró un instante.
ᅠᅠ⸺Y gracias por el cumplido. Aunque
Sus nueve colas, unidad en lo que
parecía ser solo una, se movían al
ritmo del contoneo naturalmente
sensual y coqueto, innato, de sus
caderas. Al llegar a la barra, Ahri
se sentó en uno de los bancos con
esa sensualidad y elegancia, fluidez,
que tanto la caracterizaba (. . .)