LA MIOPIA DE PODEMOS DURANTE LA VISITA DE LEÓN XIV
Me parece un triste error que los diputados de Unidas Podemos se ausenten del hemiciclo durante el discurso de León XIV. El Papa se ha convertido en uno de los mayores antagonistas de Trump y en un firme defensor de la paz, los derechos de los inmigrantes y la diversidad cultural. Sus críticas al tecnofeudalismo y a la ultraderecha merecen el máximo respeto, pues desafían a esa internacional del odio que agita la bandera de la xenofobia y el racismo para justificar la exclusión y el maltrato de los más vulnerables. En su encíclica Magnifica Humanitas, León XVI ha aludido claramente a la violencia de Israel en Gaza y a las intolerables muertes de inmigrantes en las fronteras. ¿Por qué despreciar o ignorar el valor de esas palabras, tan necesarias en un mundo que avanza hacia la anocracia?
El anticristianismo de la izquierda radical es un gesto demagógico que refleja un profundo desconocimiento de la historia. La cruz era un castigo reservado a los sediciosos. Jesús de Nazaret desafió al poder político y religioso de su época. Desgraciadamente, la conversión de Constantino convirtió la utopía horizontal de los primeros cristianos en una doctrina jerárquica y dogmática, pero desde entonces múltiples voces ha mantenido vivo el espíritu original del Evangelio. Óscar Romero, Edith Stein e Ignacio Ellacuría, asesinados por defender los derechos de los más pobres, son un ejemplo del carácter fructífero del mensaje cristiano. Los curas obreros que Franco encarceló también son la prueba del compromiso con la libertad y la justicia de los verdaderos cristianos. Quizás son una minoría, pero su testimonio es un soplo de esperanza.
El ser humano siempre albergará un anhelo espiritual, una sed de sentido y trascendencia. Dejar ese impulso en manos de las fuerzas más reaccionarias es una grandísima irresponsabilidad. Unidas Podemos solo conserva cuatro de los 71 escaños que llegó a tener en el Congreso. Atribuir ese descalabro exclusivamente al acoso mediático y judicial revela una escasa capacidad de autocrítica. León XIV habría estrechado con gusto la mano de Montero y Belarra. Es una pena que ellas no hayan apostado por el entendimiento, sino por una estéril y absurda confrontación.