Hay veces que por laburo uno tiene que estar ahí, cuidando, quizás solemne, para acompañar mientras pasan cosas históricas. En este caso ver pasar una fila que me hubiera gustado integrar también. Pero esa interminable movilización de pueblo fue tan conmovedora como la propia obra artística del Indio. Pueblo herido, dolido, variado, sensible, profundo, claro, amoroso. Y la cosa que me resuena más ahora es que somos un país maravilloso, que tenemos un destino de felicidad.
Que nos mereceremos bellos milagroso, y ocurrirán.