La importancia de una mano enlazada
Nunca lo había pensado hasta que lo estudié en la Universidad:
Para saludar a una persona que no conocemos, necesitamos tocarla.
Dependiendo de la cultura lo hacemos de forma diferente: estrechamos la mano, damos dos besos o un simple toque en el brazo... Pero necesitamos tocar.
Porque esa seña no verbal es la forma más antigua que tenemos de mostrar confianza.
Un pequeño gesto y ya eres de los nuestros.
Sin embargo, cada vez más, crecemos con la idea que el contacto, el contacto familiar y sano, es malo.
En la película "Creatura" de Elena Martín, hay una escena preciosa, en la que dos adolescentes se tocan sin querer y se echan la culpa el uno al otro, como si fuese un pecado.
Y quizás es ese el pecado, negar nuestra parte animal, negar nuestro pasado. Asumir que somos personas modernas, llenas de conocimientos, de certezas. Cuando en realidad somos amígdalas con patas.
Durante la pandemia, leí a muchas mujeres celebrar la ausencia de saludos con dos besos. Y lo entiendo, pero a mí me costaba asumir un mundo sin contacto.
Por eso, durante aquellos meses de reclusión, decidí que el leit motiv de mi novela, el gesto que saldría una y otra vez en sus páginas, serían unas manos que se tocan.
Hace unas semanas, tuve un día malo, un día muy malo. Entonces vino una amiga, se sentó a mi lado y me cogió de la mano. Hablamos de mil cosas, nos reímos, lloramos, pero fue ese gesto, esa mano enlazada, la que me salvó.
Lo decía antes y lo repito: a veces se nos olvida que somos animales y que necesitamos soluciones como los animales.
Que no se te olvide cogerle la mano a alguien si lo necesita.