Hace 58 años, previo a la inauguración de los Juegos Olímpicos, el régimen se topó con una serie de movimientos de protesta que no cesaban, que no cedían.
Todos sabemos cuál fue la respuesta: con tal de que no se “manchara” la imagen del país, optaron por ensangrentarlo.
Son otros tiempos, otros movimientos, otro régimen y, venturosamente, otra respuesta.
Ahora sí, que ruede el balón.