En el México de casi todo el siglo XX, el ensayo fue por antonomasia la escritura de las certezas. Perdidos, como estábamos, en el desconcierto de un país destruido por la Revolución, el género sirvió para discutir y fijar las ideas que servirían de pilares para la nueva patria.
Desde Visión de Anáhuac (1917), de Reyes, hasta los artículos de Cuesta (en los años 1930), El perfil del hombre y la cultura en México (1934), de Ramos, El laberinto de la soledad (1950), de Paz.
Un ensayo de Pedro Derrant (@pedro_derrant):
cultura.nexos.com.mx/yo-tamb…
y el próximo viernes (19 de junio) es el aniversario luctuoso de Ramón, así que no sería mala fecha para que la secretaría de cultura de la CDMX desistiera de sus planes
hoy se publicó en Laberinto una reseña mía sobre la última biografía de López Velarde que, en mi poco importante opinión, es la mejor hasta ahora;
pero, como uno es ladino, al final hablo de una gran reserva que tengo con el libro;
disfruten:
milenio.com/cultura/laberint…
por cierto, lo acabo de revisar y hace falta una pequeña fe de erratas:
1. el título es "Pablo Sol Mora: en el umbral crítico"
2. donde dice "el sistema poético nace convertido en sistema crítico” debe decir "el sistema poético hase convertido en sistema crítico"
Mi amigo Eko me manda el impreso de hoy de
@SCLaberinto. L. F. Céline dedicó un libro a los animales; mi amigo @pedro_derrant lo hizo a otro: yo mismo. Inmerecidamente, claro está.
Pero lean, sobre todo, al primer lopezvelardeano de mi generación:
milenio.com/cultura/laberint….
El Diccionario de autores latinoamericanos de César Aira es tan increíble que la entrada sobre José Asunción Silva es una película tan divertida como 'Un poeta':
la guapísima Verónica Murguía lideró la revuelta y reconquistó el salón nombrado en honor de su difunto amor: David Huera
Hernán Bravo Varela recordó que tan nunca estuvo cerrada la casa a la diversidad, que dos poetas abiertamente gays trabajaron en ella: él y Luis Felipe Fabre
la escritura de la Ytzel siempre me admira, no entiendo cómo le hace para sumergirse en unas profundidades insospechadas en el margen de una página y media o dos:
“Durante años he intentado comprender ese idioma y he descubierto que no se encuentra en las palabras, que habita en los márgenes de la conversación, en aquello que se repite hasta adquirir la consistencia de una plegaria doméstica, (1/2)
de modo que la tristeza deja de parecer una emoción aislada para convertirse en una disposición particular de la mirada que modifica el significado de los objetos y del tiempo mismo: el lenguaje otro; un lenguaje, precisamente, fantasma.
Soy una traductora de la tristeza.” (2/2)
mi levita estaba en la tintorería, así que mejor voy disfrazado de la prima Águeda: “con un contradictorio prestigio de almidón y de temible luto ceremonioso”